¿Cabeza cuadrada o redonda?

“Nuestras cabezas son redondas Por lo tanto los pensamientos pueden cambiar en cualquier rumbo”.

Minerva

“Una frase maravillosa. Así es. Hay que hacer el agujero cuadrado, como para plantar árboles, para que las raíces no se enreden en sí mismas.”.

María

Compartir con alguien con mucha experiencia de vida que no solo dan los años tienen grandes ventajas. ¡Siempre me pone a pensar mi querida Minerva!     

Sabes que siempre digo que todo el mundo debería cuidar al menos una planta en su vida. La naturaleza es esa maestra que nos enseña lo más hermoso y lo más duro. Nos pone “en nuestro sitio”.

Porque también somos naturaleza.

Las raíces, como a veces nuestro pensamiento, siguen el patrón de la “maceta” en la que nos criamos. Las raíces crecen en círculo aún estando en tierra, por costumbre, y se auto-limitan el expandirse hacia terrenos nuevos.

Y si una planta puede aprender a liberarse de ese patrón aprendido cuando le damos la oportunidad ¿Qué nos impide, a nosotros, seres pensantes e inteligentes salir de allí?

Las creencias limitantes. “Yo soy así y al que no le guste, que se aguante”

Pero lo grave no es eso, lo grave es que muchas veces a nosotros mismos no nos gusta. Te “aguantas tú” cada día y cada noche de tu vida.

Y nos aguantamos, nos quejamos, sufrimos, permanecemos en el mismo sitio como si estuviésemos atrapados en nuestras propias macetas, asfixiados.

Nos quedamos en pensamientos, acciones y actitudes enredados sobre sí mismas que no creemos que podamos cambiar.

¡No somos plantas! Podemos elegir, tomar acción.

¿Qué patrón o creencia te está auto-limitando?

Entoces ¿Cabeza cuadrada o redonda?

Tenemos la idea de que una cabeza cuadrada es algo malo. Rígido.

¿Y si nos replanteamos esta idea, y muchas otras?

Lo ideal, estoy convencida, es tener ambas. Es saber que puedo parar mi centrifugadora mental que gira sobre sí misma. 

Es necesario fabricar conscientemente alguna esquina donde los pensamientos puedan frenar y salir del enredo. 

Recalcular ruta, como el limonero.

Dejar de ir en automático para salir de ese círculo de hetero-sensibilización inflamatoria física y neurológica que afecta a nuestras emociones, para poder respirar amplio, apagar las alarmas y tener una vida más plena.

Poder extender mi terreno para nutrirme de cosas nuevas, de abrirme para seguir creciendo fuerte y ofrecer mis frutos.

Cuando no cambiamos de maceta y vivimos en aquella donde «nos plantaron» corremos el riesgo de romperla o rompernos en cuanto llega un viento un poco fuerte.

Llega un momento en la vida en que necesitamos destapar aquello que está guardado en “la sombra”.

Ver los bichos y parásitos que van carcomiendo en la oscuridad, la madeja de pensamientos recurrentes dando vueltas siempre en el mismo sitio.

Nuestro tronco y nuestra copa muestran claramente que “abajo” algo no funciona bien.

Nos cuentan a veces al oído, y en general a gritos, que necesitamos un nuevo espacio interior.

Está en nuestra mano hacer un nuevo pozo, hacerle “esquinas” donde replantearme el camino en automático para dejar los viejos patrones repetitivos y conquistar terreno con nutrientes nuevos para florecer renovados.

Luna nueva en otoño ¿Qué mejor momento para un trasplante sin sufrimiento?


PD: Me encanta que me dejes tu comentario, los leo y respondo todos!

Si necesitas más espacio para florecer yo puedo acompañarte

mariatizado

Caminando a tu lado desde 1987

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